El padre de los camellos
Ella me acompaña a todas partes, vamos a ir al final del desierto con mis hermanos. Trabajamos la lana de camello y comerciamos con ella. El hermano mayor habla en la gran reunión en mombre de la familia. Otro busca nuevos sementales y vende los camellos. Con los turbantes nos diferenciamos, amarillo de comerciante, blanco de sabiduría y colorado el que los cria. Yo los he visto nacer a todos, cuando lo hacen los ayudo a llegar a las ubres de sus madres para su primera comida. Somos guías de camellos.A los doce años empecé a conducirlos, cada año uno de nosotros atraviesa sólo el gran desierto montado en su camello preferido hasta la gran reunión. Mañana mis hermanos irán allí bordeandolo por los caminos.
Una camella está a punto de parir pero se que no lo hará hasta que vuelva, siempre me esperan. Este año he tenido sesenta crías de mi rebaño de sesenta hembras donde sólo hay un macho. Los jóvenes de dos años se irán con mis hermanos. Esperamos el día a la luz de una hogera. Cuando sera luna llena empezará la reunión.
Mi camella me guiará porque es mi favorita, atravieso el desierto a sus lomos. Es un viaje peligroso y mis hermanos dicen que estoy muy viejo para hacerlo pero yo estoy convencido de hacerlo todavía. Detrás de los muros está el país de la arena, donde no hay agua, la última ciudad se asoma a mi vista. El hombre que nunca olvida vive en ella y cuenta a los camelleros la historia de nuestra tribu. El primer camello tenía cinco patas y Siba se la quitó del vientre y la lanzó a los aires por ello tiene el camello una joroba. Este dios creó al camello antes que el hombre, también creó al primero de la tribu para cuidarlo para el resto de la eternidad.
En el desierto el camello establece la diferencia, los hombres quedan en un segundo plano. Tras siete días por las dunas llegaré al destino, a la gran reunión.
Mientras mis hermanos llevan a los jóvenes camellos que nunca se separaron de sus madres y continuan salvajes y nunca fueron atados. El camino también es duro para ellos aunque bordeen el gran desierto.
Aquí todo se mueve, de un día a otro ya no se puede conocer la cara del desierto. A fuerza de seguir al viento, las dunas y las lluvias nos hicimos nómadas. Mis hermanos temen que me pierda, allí donde antes lo hicieron tantos otros. No quieren llegar antes que yo.
La gran reunión, en la primera luna de Abril, donde las familias casan a sus hijos y cruzan sus animales. Los jefes imparten justicia y todo lo demás. Aquí se viene desde hace siglos, hay agua suficiente para 100.000 animales, fluye un gran río que nunca se ha secado. Se cuentan historias que nunca se olvidarán. Cada tribu lleva sus animales, una gran concentración ganadera. En camellos mi hermano mayor es quien habla, pero no dirá nada hasta que yo aparezca, eso lo saben todos.
Mis hermanos tienen razón me estoy haciendo viejo. Mi camella no ha tenido hijos, pues no tendría ojos para otra cosa. El año que viene tendrá una y este será nuestro último viaje. Mi padre me enseñó a conocer los camellos, a hablarles con la garganta. Me dijo que cuando se monta un camello el hombre despega.
La ciudad es de la reina del desierto; en otro tiempo se vivió una tremenda peste asolándola. Una mujer convirtió a los niños en ratas, pues a estas se les culpó de la peste. Ella nos enseñó a respetar a todos los animales. Hoy es la diosa de mi pueblo y en la ciudad tiene un templo.
Junto al fuego se cantan canciones que narran viejos mitos y leyendas. Los hombres piensan que la soledad del desierto es horrible, para mí la soledad está entre los hombres. No tengo una vida fuera de mi rebaño. Están todos aquí, mis hermanos dicen que debería volver a la aldea, dejar de seguir a los camellos.
La camella paridera esperó mi regreso para parir, ninguna lo hace mientras estoy fuera. Ayudo a nacer a un muevo miembro de la manada mientras sigua teniendo fuerzas para ayudar a un camello a nacer seguiré aquí.