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La habitacion sin paredes

21-02-2005 09:59:17

El señor de las águilas



El vive conmigo desde hace diez años, lo encontré con las alas atrapadas en el hielo y no podía volar. Lo llevé a mi casa, lo curé, se acostumbró a mí y vive comnigo. Mis antepasados también leían el vuelo de los pájaros y tuvieron águilas. En el Asía central las guerras e invasiones expoliaron a nuestro pueblo y su cultura. Nos dedicamos a la caza. Dentro de poco ella regresará con los suyos arriba, y criará con su compañera. Pero antes debo transmitir estos conocimientos a mis hijos. Uno de ellos ya tiene edad de aprender los secretos del país del hielo y el reino de las águilas.

Debo de cazar una nueva águila para mi hijo. La actual me ayudará a atrapar a la nueva que debe de andar por los dos años. Al fín la he encontado, es perfecta y salgo a su captura. Espero paciente tras una roca observando el vuelo de mi presa, mi amiga se eleva y yo sigo atentamente sus evoluciones, después la incita a que baje a la trampa y esta surte efecto.

La tristeza quema al recien llegado, vierto un vaso de agua en su garganta para apagar su fuego y que no muera. Su nombre será el de la montaña en que la atrapé. El águila tiene miedo y debe ser agotada para aceptar al hombre y olvidarse del dolor. La familia vive lejos de la granja de águilas, vivo casi apartado de ellos en esta época. En la primera etapa de adiestramiento aprenderá a trabajar junto a mí, a confiar en mí, a saber que no le robaré sus presas, que debemos cooperar y todas esas otras cosas básicas.

Al águila no le gusta la cara del hombre prefiere su perfil. Cada uno de mis gestos debe ser preciso y controlado, nunca me enfurezco. Mi hijo debe aprender esto, será un proceso largo pero placentero.
Nuestro perro observa los primeros ejercicios de adiestramiento mi primogénito con atención.

La nueva águila está preparada, un viejo sueño se hace realidad. Padre e hijo con sus respectivos animales se irán a cazar, saldrán juntos y la vieja cultura seguirá viva una generación más en la gran estepa entre China y Rusia.

En la montaña aprenderá el lenguaje entre hombre y águila, por medio de diferentes sonidos y gritos. Llevaré a mi hijo al lugar donde los hombres son pastores, donde son cazadores. Para aprender el arte de nuestros antepasados nos dirigimos a las montañas a lomos de pequeños caballos mongoles con nuestras águilas.

En un canto con vistas a un lago quitamos las capuchas, en otro tiempo se domesticaban y se entendían con todos los pájaros, hoy dia sólo quedan unos cuantos por ambas partes. Ascendemos hasta donde la nieve es casi eterna, avistamos un zorro entre matas y soltamos a una que le da caza. La carne es para ellas la piel para nosotros ese es el trato de los socios. La dureza y belleza de este mundo queda en un momento plasmada con una fotografía. Proseguimos la busqueda, cada kazars tiene un territorio igual que el aguila, muchos murieron defendiéndolo.

La estación del amor ha comenzado, mi vieja aguila tendrá un hijo al que contar las historias de los hombres. Se debe marchar y todo está bien para no regresar nunca. El águila es la única criatura que puede mirar al sol sin quemarse los ojos, es la última enseñanza por hoy.

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